La hamburguesa: Iron Man (Jon Favreau, 2008)
El Big Mac de la cartelera: buena pinta, sabor resultón y cero nutrientes. Un producto que ni tan siquiera requiere digestión, porque se olvida instantáneamente una vez sales del cine. Tiene dos cosas a su favor: 1) la falta total y absoluta de pretensiones artísticas y/o intelectuales; y 2) un actorazo como Robert Downey Jr en el papel protagonista. Porque no me negaréis que ver a semejante viciosillo ejerciendo de salvaguarda del bien y la moral tiene su morbo. Una curiosidad, el director de este fast food, Jon Favreau (un gordito al que habréis visto infinidad de veces en papeles secundarios), interpreta a Hogan, el chófer y guardaespaldas de Tony Stark.
El filete: Antes de que el Diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet, 2007)

La última película del veterano Sidney Lumet (83 añitos y más de 50 dedicados al oficio del cine, nada menos), es una crónica lúcida y brutal de las relaciones familiares envuelta en una trama de thriller con regusto de film noir.
Desesperados por conseguir dinero fácil, dos hermanos, Andy (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso hombre de negocios casado con una mujer florero (Marisa Tomei) y adicto a la heroína, y Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer y su hija, conspiran para llevar a cabo el golpe perfecto: atracar la joyería de sus padres en Wetchester, Nueva York. Nada de pistolas, nada de violencia, y nada de problemas. Pero cuando su cómplice decide no cumplir las reglas del juego, las cosas no salen como ambos esperaban.
Esta historia de un atraco imperfecto, que deviene catalizador de los pecados y culpabilidades de los integrantes de este triángulo sentimental al que se suma Charles (Albert Finney), el progenitor de tan curiosa pareja de hermanos (las leyes cinematográficas son aún más enrevesadas que las genéticas), deja que la tragedia se vaya cociendo a fuego lento, deteniéndose una y otra vez, mediante una narración fragmentada (tan en boga últimamente Perdidos, Damages, En el punto de mira) en mostrar lo que hay detrás de los actos de los protagonistas. Una apuesta arriesgada que ralentiza la acción del film, pero que consigue dejar un poso dramático sustancioso en el espectador.
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