25/6/08

Dos films fantásticos

"El territorio de la bestia" (Greg McLean, 2008)

No hay temas nuevos, sino formas nuevas. En "El territorio de la bestia" todo es viejo, tema y forma, pero están tratados con tal alegría que la película se ve con agrado. La cinta de Greg McLean hace de la modestia, virtud: empezando por su duración, siguiendo por sus actores y acabando por su guión tan falto de digresiones. Realmente, han vuelto los 70 y no sólo en el terreno de la música: ver "El territorio de la bestia" es como hacer un viaje al pasado, un pasado donde cabían películas como las de McLean y no sólo las exageradísimas, y aburridísimas, películas de género actuales.


"El cerebro de Frankenstein" (Terence Fisher, 1969)

Después de ver "El territorio de la bestia" me entraron unas ganas tremendas de ver otra película de género fantástico y, a ser posible, que fuera realmente moderna. Así que me lancé como un loco al disfrute de "El cerebro de Frankenstein", pero… ¡qué decepción!. No puedo describir de otra forma la sensación que me ha producido ver esta película de Fisher, lo que me resulta especialmente doloroso teniendo en cuenta lo mucho que me gusta Fisher y la estética Hammer. Y aunque la estética de la productora siga luciendo esplendorosa en la cuarta película de la saga Frankenstein, la película aburre un montón por culpa de un guión ñigui ñigui, casi siempre inverosímil y tan solo sugestivo en lo que refiere al personaje de la Señora Brandt. La realización de Fisher sorprende por su supuesta modernidad: montaje muy picado, alguna cámara en mano, angulaciones extrañas y, con frecuencia, contrapicados. Pero se trata de una modernidad que aquí pega poco, creo yo. En cuanto a Peter Cushing, de él solo se pueden decir alabanzas, como siempre. Una de las características más notables de la serie es que la personalidad del barón va cambiando de una película a otra. El Frankenstein de la cuarta película es, sin duda, el más desagradable de todos: es asesino, es chantajista y comete una violación. Pero incluso ese aspecto tan interesante de la serie está poco logrado en "El cerebro de Frankentein" por culpa de su guión: de hecho, el puntito sexploitation de la Hammer nunca me había molestado antes pero aquí, con la violación que comete el barón, me ha parecido de un ridículo supino. Definitivamente, Bert Batt estaba lejos de ser el buen guionista que era Jimmy Sangster.

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