25/6/08

"Rebobine, por favor" (Michel Gondry, 2008)

Hoy, para variar, voy a hablaros de una película que me ha gustado. No es que sea una obra maestra, pero me hizo salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso, en los tiempos que corren, no es baladí, máxime cuando se va al cine a ver la película y no a otros menesteres que aquí no competen.

Dicho esto, debo advertiros de que el cartel de la película es de esos que invitan a salir corriendo. Tampoco los protagonistas, Jack Black y Mos Def, son de aquellos actores que justifiquen hacer cola en los Verdi rodeado de los Bohemian Fashions que pululan por el lugar. Pero si detrás de las cámaras está un tipo tan interesante como Michel Gondry, a la película hay que darle, por lo menos, el beneficio de la duda. Este hombre, además de perpetrar el anuncio más laureado de la historia (Drugstore, de Levi's, 1994), y de realizar auténticas joyas en formato de videoclip para gente como Björk, Beck y Daft Punk, es el creador, junto a Charlie Kaufman, de esa maravilla titulada Eternal Sunshine of the Spotless Mind, aquí titulada Olvídate de mi. La única película que me ha hecho olvidar, durante unos momentos, la aversión crónica que siento hacia ese engendro llamado Jim Carrey.

Rebobine, por favor, cuenta la historia de dos amigos que, por accidente, borran todas las películas en VHS del videoclub en el que uno de ellos trabaja. Por lo que, para evitar que el dueño se entere de la fechoría y el negocio se vaya al garete, deciden volver a grabar cada una de las películas que los clientes quieren alquilar. Esta sencilla trama le sirve a Gondry para hacer un repaso desenfadado de aquellas películas, que para bien a o para mal, forman parte de nuestra cultura popular. Desde Los Cazafantasmas a 2001: Odisea en el espacio, pasando por Paseando a Miss Daisy, Men in Black y Los Paraguas de Cherburgo. Pero lo que podría haber quedado en una sucesión de gags a mayor gloria de los cómicos protagonistas, deviene en un personal homenaje a la magia del cine. A esa capacidad que tienen las imágenes en pantalla grande para hacernos la vida más agradable cuando somos espectadores, y también a la oportunidad de expresión personal y creativa que ofrece el ponerse detrás de una cámara. También es un alegato entrañable y nostálgico por la dignidad de los formatos analógicos y los modos artesanales, tan denostados en la actual era digital. Y por último, es un canto al “cine de autor”, ese autor que todos llevamos dentro y que las nuevas tecnologías nos permiten exteriorizar, mal que les pese a aquellos que durante años han ostentado el poder de decidir qué podía filmarse y qué no.


Fuera de carta (Nacho García Velilla, 2008)

Por desgracia, no puedo hablar igual de bien de Fuera de carta. El debut cinematográfico de Nacho García Velilla, director de series como Aída y Siete vidas, esta plagado de personajes estereotipados, topicazos y lugares comunes. Para que os hagáis una idea: Javier Cámara interpreta a un chef con más puntos para obtener el premio a locaza del año que a la estrella Michelín; su mejor amiga, Lola Dueñas, es una mariliendri desesperada porque alguien se la folle y la quiera, a poder ser, por este orden; y el rabo por el que ambos suspiran es el de un ex futbolista, argentino, of course, al que da vida Benjamín Vicuña. Si os digo que también aparece Fernando Tejero, seguro que adivináis que interpreta al pinche de cocina quinqui pero de buen corazón, y que Chus Lampreave no podía ser si no la madre del prota, cegata y retrógada, pero eso sí, muy entrañable. Vamos, que en el cartel deberían poner un aviso: abstenerse los mayores de 10 años y menores de 60 que no se rían con el humor del estilo Escenas de matrimonio.

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