11/9/08

Biblioteca breve


Tres libros estupendos que no ocupan demasiado espacio en el equipaje y sin embargo pueden hacer ameno cualquier desplazamiento y/o estancia bajo la sombrilla playera.

Para reír


'El asombroso viaje de Pomponio Flato', de Eduardo Mendoza (Seix Barral)


190 páginas en las que Mendoza vuelve a recurrir al espíritu burlón de aquel 'Sin noticias de Gurb' para narrar las peripecias de Pomponio Flato, ciudadano romano del orden ecuestre, que en el siglo I de nuestra era viaja hasta los confines del imperio romano en busca de unas aguas milagrosas que le aporten sabiduría. El azar lo conduce hasta Nazaret, donde su precaria situación económica le llevará a participar en la resolución de un crimen. Su cliente, un niño, de nombre Jesús, dispuesto a demostrar la inocencia de su padre, José, carpintero para más señas, injustamente condenado a morir en la cruz. Una lectura ligera y divertida repleta de ironías bíblicas que a mi me ha recordado las andanzas de otro investigador privado de la Roma imperial, Marco Didio Falco, creado por Lindsey Davis.


Para deleitarse


'Campo de amapolas blancas', de Gonzalo Hidalgo Bayal (Tusquets)

Tan sólo 78 páginas necesita Hidalgo Bayal para narrarnos la historia de una amistad y de paso reflexionar sobre cómo se engarzan los eslabones del tiempo en nuestra memoria. Una novelita breve que, como apunta Luis Landero en el epílogo, se lee en poco más de una hora. Al menos la primera vez, porque este 'Campo de amapolas blancas' encierra un perfume sutil que hace que su historia permanezca en la memoria y al poco caigamos en la tentación de la relectura, esta vez más pausada, porque conocido el final y saciada la curiosidad, uno puede demorarse en cada capítulo.


Para disfrutar


'Tretze Tristos Tràngols', de Albert Sánchez Piñol (La Campana)
Si a estas alturas no habéis salido corriendo a comprar lo último de Sánchez Piñol es que no habéis disfrutado de 'La pell freda' y 'Pandora al Congo', dos de las mejores novelas de los últimos años. A la espera de que publique la última entrega de su trilogía dedicada a los monstruos, nos llega esta recopilación de trece cuentos que como informa la contraportada, “només tenen en comú que són tretze, qué son tristos i que els seus personatges passen tràngols”. A lo que cabría añadir que son irónicos, surrealistas y brillantes. Una gozada de lectura, como ocurre siempre con Piñol.

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