
Hace un tiempo conocí a un hippy que solía decir
"Demasiada mente" para referirse a la manera de enfocar la vida, y también el arte, de mucho equivocado según él. Según ese hippy que os digo, en la vida y en el arte son más importantes las emociones que las razones porque éstas a menudo nos constriñen. Era un hippy más curioso que entrañable, de la estirpe de los que hablan con las flores y los pajaritos (los hippies, curiosamente, nunca hablan ni con los caimanes ni con los escorpiones). En cualquier caso, su manera de ver las cosas me influyó como para acabar haciendo mía la expresión
"Demasiada mente". La recuerdo a menudo y, de hecho, me viene que ni pintada a la hora de hablar de "Cuadecuc, vampir".

Han sido necesarios 38 años y el éxito de "El silencio antes de Bach" para que "Cuadecuc, vampir" se haya podido estrenar: hasta ahora, solo se había visto en festivales, filmotecas, museos y universidades. Pere Portabella, uno de los creadores más interesantes de este país, también en su vertiente de productor (suyas son las producciones de películas tan esenciales como "Los golfos", "El cochecito" o "Viridiana"), la filmó en 1970, paralelamente al rodaje de la película "El conde Drácula" que Jesús Franco dirigió ese mismo año en Barcelona. La idea, de Portabella y Joan Brossa, es la de construir un film a partir del rodaje de un film, deconstruyendo aquel al mismo tiempo que se asocian las ideas de cine y vampirismo. Esa asociación entre cine y vampirismo ha hecho que muchos vean en "Cuadecuc, vampir" un precedente de la inolvidable película de Zulueta "Arrebato". Pero hay una sustancial diferencia: "Arrebato" está hecha de experiencia y carne, mientras que la película de Portabella es una propuesta más teórica que emocional. Eso explicaría que la primera sea mucho más perturbadora. Porque "Cuadecuc, vampir" podrá fascinar pero ni conmueve ni inquieta. Y es que, como les decía al principio, hay en ella demasiada mente.
Pero eso no impide que se trate de una película admirable, valiente, de subyugante estética y única en la pobrísima historia del cine vanguardista español.
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