19/10/08

Cosecha de verano

Leo con sorpresa que este verano la salud del cine se ha recuperado y repunta en medio de la crisis económica en la que estamos inmersos. Estrenos como “La momia 3”, “Wall-E”, “Mamma Mia!”o “El caballero oscuro” lograron que la recaudación total de agosto de 2008 superara en un 10% la recaudación acumulada del mismo mes en 2007. Mi desconcierto viene dado por el hecho de que estaba convencida de haber pasado uno de los peores veranos cinematográficos de mi vida. Bien es cierto que he visto tres de las cuatro pelis antes citadas, pero salvo estas y alguna que otra excepción, el nulo interés de las carteleras ha hecho que este verano, lejos de las salas oscuras, esta cinéfaga luzca un moreno que a buen seguro ha avejentado su piel un par de décadas. Así­ que, ya que no puedo pasarle a “la industria” la factura de la crema antienvejecimiento, me despacharé a gusto con mi balance de lo mejor y lo peor, y así­, por lo menos, aliviaré mi úlcera.

Lo mejor: “Wall-E” (Andrew Stanton, 2008) Porque, al contrario de lo sucedido con George Lucas, los señores de Pixar tienen muy claro que una pelí­cula no se sustenta sólo en el virtuosismo técnico, además de deslumbrar visualmente, se preocupan por crear buenos guiones y personajes inolvidables. (Gracias sean dadas al hacedor por propiciar que el antaño rey Midas de las pelis de aventuras necesitase ‘cash’ para costear su divorcio y decidiese vender a tiempo esta compañí­a de animación que, pelí­cula tras pelí­cula, nos devuelve la esperanza de que aún queda gente inteligente en Hollywood. Amén.)
La nueva aventura del creador de “Toy Story” y “Buscando a Nemo” es puro goce cinematográfico. Los primeros 40 minutos de “Wall-E” son de antología. Con ese robot entrañable, heredero espiritual de aquel drone llamado Huey encargado de cuidar el último bosque de la Tierra en “Naves misteriosas”; con un aspecto que recuerda a un cruce entre el Nº5 de “Cortocircuito”, “E.T.” y los ojazos del gato con botas de “Shrek 2”, pero en cuyo interior brilla el alma de Charlot, el inmortal vagabundo creado por Chaplin. Como aquel, Wall-E es capaz de hacernos reír con sus travesuras para acto seguido emocionarnos hasta los tuétanos con su humanidad. Y también como aquel, llega con igual intensidad a adultos y a menores sin hacer uso de la palabra.

Retrato mordaz de ese futuro no tan lejano al que parecemos abocados, y por tanto de algunos de los defectos de los que adolece nuestra sociedad actual, “Wall-E” hace bastante más por la causa ecológica y las formas de vida sostenibles que todas las ‘verdades incómodas’ del farsante Al Gore. Lo único triste es saber que, de haber durado algo más, habríamos asistido al linchamiento del capitán de la nave. Porque por desgracia, para aquellos pasajeros, como para la mayoría de adultos maleducados que durante la proyección se encargaron de convertir la sala en una pocilga, esa especie de Marina d’Or espacial es lo más cercano a la felicidad que son capaces de imaginar. Y pese al final optimista que Stanton otorga al film, a uno le queda la sensación de que Douglas Trumbull en “Naves misteriosas” se acercó más a la realidad al intuir que la única esperanza para los seres vivos de la Tierra no está en el ser humano, sino en las máquinas. Porque, reconozcámoslo, tan difícil de creer resulta que el ser humano pueda aprender de sus errores como que una máquina llegue a ser tan cabrona como Skynet (“Terminator”) o Matrix (“Matrix”).

Lo peor, de lo peor: “Mamma Mia!” (Phyllida Lloyd, 2008)
Los 108 peores minutos que recuerdo en una sala de cine. Pura tortura psicológica ver a actores de la talla de Meryl Streep, Colin Firth, Pierce Brosnan y Stellan Skarsgard haciendo el ridí­culo. Para que luego digan que la menopausia y la ‘pitopausia’ no tienen consecuencias cerebrales. Nunca he deseado con tal ansia que los protagonistas se despeñaran y acabaran hechos picadillo acantilado abajo como en la escena en la que Streep y Brosnan destrozan el ya de por sí­ empalagoso “The Winner Takes It All” de Abba. Así­ ardan todos en el infierno. ¡Larga vida a Mitzi, Felicia y Bernadette! Verdaderas depositarias de la herencia de los cantantes suecos y auténticas reinonas, del desierto y más allá.

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