19/10/08

"EL TURISTA ACCIDENTAL" (John Williams, 1988)

Salvo excepciones, la música que escribió John Williams para "El turista accidental" fue mal recibida. De ella se dijo que era tan gris, aburrida y sosaina como el propio protagonista del film. Nadie se atrevió a cuestionar la pertinencia de su estilo, toda una serie de variaciones sobre un único tema hechas para describir la rutina vital de un hombre gris. El resultado no gustó porque no era fácil reconocer en él al autor de las fanfarrias de "Star Wars". Pero debo decir que a mí ese resultado me chifló: porque lo que muchos consideraron una música aburrida y descafeinada para mí era una música deliciosa. Tan elegante como extraordinaria. Y cada cual con su adjetivo.

En la filmografía de Williams, "El turista accidental" es un punto y aparte: se puede decir que, con ella (y con el precedente de "El imperio del sol" y "Las brujas de Eastwick"), Williams dio carpetazo a su década más famosa, aquella que va de "Tiburón" a "Indiana Jones y el templo maldito", años en los que se encumbró como el compositor más popular de Hollywood al mismo tiempo que llegó a imponer un estilo musical en la industria del cine, el del sinfonismo romántico. Son los años de la trilogía de "Star Wars", los años de "Superman", "En busca del arca perdida" y "ET" (porque, dentro de sus partituras más míticas, "Tiburón" y "Encuentros en la tercera fase" son otra cosa). Son los años en los que no solo llegó a imponer un estilo musical en Hollywood sino que también se lo impuso a si mismo.

Con "El turista accidental", Williams recuperó parte de la versatilidad musical perdida al negar las características más reconocibles de sus obras más famosas: continuó con la gran orquesta, sí, pero poniéndola al servicio de un único tema, de carácter intimista; el abundante torrente musical de las obras previas era, aquí, un modelo de contención. La música de "El turista accidental" es discreta, casi etérea y de una delicadeza sorprendente. De ahí que los fervorosos de lo que algún crítico bautizó como el sonido galaxial de Williams se sintieran decepcionados por el supuesto cambio de rumbo del autor. Un cambio que no era tal porque Williams, ya antes de "Tiburón" y después de "El turista accidental", había sido capaz de demostrar su talento en propuestas musicales de lo más dispar: "Jane Eyre", "Imágenes", "Vida de estudiante", "Nacido el 4 de julio", "JFK", "La lista de Schindler", "Rosewood", "Inteligencia artificial"… son ejemplos de una larga lista.

Es cierto que ni siquiera durante sus años de mayor repercusión popular Williams abandonó del todo su interés por ampliar el repertorio de estilos: "Superman" convivió con "La furia", "1941" con "Drácula", "ET" con "Monseñor" y el segundo Indiana Jones con "The river". Pero a partir de 1988, no dejaron de aumentar las propuestas que se alejaban del sonido galaxial, muchas de las cuales serían tan mal recibidas como lo fue en su día "El turista accidental".

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